jueves, 9 de septiembre de 2010

Las tretas de la justicia

En Audiencia Pública se celebraba ayer el juicio contra Pedro Campallo, acusado de asestar 12 puñaladas a su esposa, Cristina, en foto en la mano de su hermana Paqui, el pasado año en el barrio de Los Pajaritos de Sevilla, lo que se conoce como el crimen de Los Pajaritos.

Asistimos periodistas, estudiantes de derecho, familiares y curiosos a la declaración del acusado. Desmintió la colección encadenada de malos tratos infringió a su pareja durante muchos años hasta que un día de 2009 supuestamente la mató con un cuchillo de cocina. Dijo no recordar nada de las bofetadas, puñetazos, patadas y hasta mordiscos propinados durante años a una de las personas que "más le quería en este mundo" coincidieron los hermanos.

Y digo tretas porque en este submundo cada uno busca soluciones que aunque legítimas no dejan de rozar la ilegalidad. Con la Policía impidiendo la grabación de imágenes con las cámaras ya dentro de la Audiencia Provincial, en un primer intento de pasar a la sala al acusado esposado, el padre de la joven muerta, asesinada con tan sólo 30 años, escenificó un episodio de tensión llamandole asesino y dirigiéndose hacia él en actitud agresiva, siendo sujetado por dos de sus diez hijos.

Ante la situaciónde tensión, los agentes que escoltaban al acusado decidieron volrver atrás y sacarlo de la vista de la familia de la víctima. Ahí, en la boca de ese pasillo alguien lo escuchó hablar con naturalidad, soltura, hilando las frases, con una pasmosa y pastosa serenidad estudiando los detalles del interrogatorio con su abogado.

Quien lo vió, quien lo escuchó en el momento descrito se quedó perplejo, boquiabierto ante la sensación de desvalido, víctima y de estar bajo los efectos de psicotrópicos que transmitió a lo largo de todo el interogatorio ya ante el Tribunal. Nada que ver con las habilidades mostradas en la conversación anterior. Una actitud ante el tribunal que, sin duda, denotaba premeditación y mucha preparación. Luego todo fue puro y constante teatro. Creo que el Tribunal no se lo creyó. La sentencia lo dirá. Si ya me había parecido retorcido, cuando me contaron el encuentro con su abogado, un escalofrío recorrió mi espalda: mente fría y calculadora con varios rostros, lejos de mí, por favor.

En definitiva, tretas judiciales que a buen seguro se producen todos los días, pero que, en esta ocasión, tuve la oportunidad de presencias y vivir.