miércoles, 18 de abril de 2007

Por fin el Congreso

Buenas tardes, Jota. Buenas tardes y buen congreso el que estamos teniendo aquí en Guadix. El Primer Congreso Andaluz de Periodismo Digital. Al fin. Se saborea con regusto cuando tanto trabajo se traduce en semejante espectáculo de la cibermanía, con tantas voces autorizadas, con tantos puntos de vista diferentes, con tantas cosas que aprender. Qué manera de disfrutar…

Quiero verle la cara a Huesca; quiero verle la cara a su director –para qué nombrarlo-; y quiero sentir la envidia en su mirada; y pedirle que ahora se meta donde le quepa la mesa que iba a coordinar la Asociación de Periodistas Digitales en el Congreso de aquella ciudad el pasado año. No me lo he podido callar, Jota. Me ha salido del alma.

Lo prometió delante de otros muchos miembros de la asociación y no lo ha cumplido. No se puede esperar más de gente que aún considera Andalucía, como otros muchos, un reducto exclusivo de la fiesta, el cante y el baile. No se expresó así, pero no hacía falta. Los hechos te califican.

A esos prototipos de norteños que basan sus conceptos de los pueblos en estereotipos decimonónicos no se les puede decir nada: su talla intelectual no supera la media andaluza, luego es inútil explicarles. Pero terminarán dándose cuenta porque, tarde o temprano, ganaremos tanto terreno, Jota, que no les quedará espacio para jugar. Y acabaremos fagocitando la atención de los periodistas digitales españoles. Porque, como he dicho muchas veces –y lo sabe quién me conoce- lo único que no entendí nunca del Congreso de Huesca es su apelativo “na-cio-nal”, cuando casi nunca ví de ponente un andaluz y cuando lo ví sentí tanta vergüenza ajena que tuve que salirme de la sala. Habían traído al politicucho de turno para salvar los muebles.

Pero basta de viejas rencillas que pudieran empañar la imagen de un congreso que hasta ahora es inmaculada.

Y dime, Jota ¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo se van a llevar queriendo articular y/o regular Internet? Articular o regular, dos términos acuñados para esconder el vocablo “controlar”, que sueña mucho peor. Pero cuándo se van a dar cuenta que no se puede controlar lo incontrolable. Trate usted, señor mío, de controlar el Universo y se enfrentará a una similar tarea si su intención es controlar la red de redes. Para lo bueno y para lo malo.

Este Gobierno –me refiero al Central, al de Madrid- no acaba de enterarse. Tiene el aliento en el cogote de la SGAE o Sociedad General de Autores a colación del espinoso tema de los derechos de autor en la red. Y lo llamo espinoso por no llamarlo imposible. Y como el Ejecutivo, cree poco astutos a los interlocutores no se le ocurre otra cosa, a ver si cuela, que los operadores –ja- informen si sus usuarios –muchos de ellos sus clientes- están vulnerando su propiedad intelectual. ¡Toma ya¡ ¡Mira a ver si te ha dado! Los operadores le han contestado que no son policías, que no quieren hacerlo y que, en cualquier caso, no tienen medios ni recursos para ese servicio. Pues claro.

El Gobierno lanza globos sonda y hace públicos anteproyectos de Ley sencillamente porque no sabe cómo meterle mano a todo esto. No saben. Quizá porque no exista una manera; quizá porque el éxito de Internet es la ausencia total de control, la ausencia de articulación, el medio más libre del Planeta Tierra sin lugar a dudas.

Ay, Jota, cuanto que aprender, cuantas cuentas que saldar y cuanto que filosofar…

La Semana que viene, cuando comencemos a preparar un nuevo congreso, el congreso de 2008, si nos dejan, seguiremos enredando. Adiós.